martes, febrero 28, 2006

FELIZ ANIVERSARIO FRAY HELTON PIMENTA

MARZO 01 DE 2006
DESDE LO MÁS PROFUNDO DE NUESTRO CORAZÓN QUEREMOS DESEARLE UN FELIZ CUMPLEAÑOS A NUESTRO HERMANO FRAY HELTON.

ELEVAMOS A DIOS NUESTRAS PLEGARIAS PARA QUE EL SEÑOR QUE LO HA LLAMADO A LA VIDA RELIGIOSA COMO AGUSTINO RECOLETO LE AUMENTE LA GRACIA DE SANTIDAD Y NOS PERMITA SEGUIR COMPARTIENDO LOS DONES DE LOS QUE TE HA DOTADO.

UN ABRAZO FRATERNÍSIMO

domingo, febrero 26, 2006

Sacerdote colombiano venderá su auto...

Sacerdote colombiano venderá su auto
para reconstruir templo incendiado
BOGOTÁ, 20 Feb. 06 (ACI).-El P. Juan Pablo
Betancourt, párroco de la iglesia El Señor de los Milagros,
en El Espinal (Tolima), afirmó que luego de orar
decidió vender su automóvil (un Chevrolet Alto, modelo
2002, que terminó de pagar el año pasado) para
recaudar fondos que le permitan reconstruir el templo,
incendiado por dos sujetos que ya fueron capturados
por la policía local.
"Eran como las cinco de la mañana. Me arrodillé y el
Señor me dijo: busca primero el Reino de Dios y lo
demás se les dará por añadidura", relató el sacerdote.
Añadió que aunque muchos feligreses le piden que
no lo venda, "Dios me lo prestó y ahora voy a devolverlo
para su obra".
Asimismo, indicó que hasta el momento lo donado
por los feligreses no llega a los cien mil pesos. Sin
embargo, comentó que las cosas pueden mejorar
porque una radioemisora lidera desde Ibagué la recolección
de materiales de construcción.

sábado, febrero 25, 2006

invitación a fray Dario

hola fray Dario te hemos invitado para que participes de nuestro blog

Testimonio de NANCY CASTILLO

Testimonio de NANCY CASTILLO

El Papa Juan Pablo II significó para mí un ejemplo viviente de fé y santidad lo llegue a querer y respetar, y tomó parte en mi peregrinar de una manera especial.Para lo días que el Papa Juan Pablo II murió tuve un sueño, que estaba en una Iglesia grandísima con pisos relucientes y todo de blanco, parecía que estuviera en el cielo la Iglesia tenía el estilo de las Iglesias en Europa; miré hacia el frente y de pie estaba el Papa vestido de blanco con una cinta roja ceñida a la cintura lo ví y corrí a su encuentro, lo abraze y sentí el sueño tan real que hasta las llantitas se las sentía, luego el correpondió a mi abrazo y me arrodillé tome su mano que tenía el anillo Papal y le bese la mano dos vecez, me puse en pie mientras el me conversaba pero de la emoción ni le escuchaba, me señaló con su mano que mirara hacia el frente y luego ví dos hileras de niños vestidos de monaguillos de blanco con rojo y en medio de las dos hileras ví a Luis, el coordinador de mi grupo juvenil desde ahí comencé a pensar que tal vez aquel viaje a Alemania del cual me había enterado tarde podría hacerse realidad, no tenía entre mis planes participar de la jornada y todo fue tan rápido, mas no duraron en acogerme en el grupo, todo ha sido una bendición de Dios y lo puedo sentir en mi vida porque aun en medio de un accidente que le paso a un amigo y la enfermedad de mí papá que lo llevó al hospital no me desanimé y no perdí la fé.
La fortaleza y el sacrificio de mi madre me enseñó que en la vida la fé, el amor y el sacrificio son el éxito para alcanzar los sueños y metas que uno tiene en la vida; a pesar de mi corta edad he sentido que Dios me ha bendecido de una manera especial y ahora he comprendido que el amor de Dios hacia los hombres no tienen límites ni barreras.


Nancy Franco.


Ama a Jesucristo y acude al Sagrario.



Ama a Jesucristo y acude al Sagrario, póstrate ante Él con fe viva, y sin querer, búscate a ti mismo. Ponte bajo su mirada de Señor y Maestro de tu alma, y deja que su mirada penetre amorosamente tu conciencia y la purifique de toda mentira en la entrega; pídele que su gracia revista tu debilidad para que no le vayas a negar por cobardía de tu alma, o a vender por treinta monedas de ciego amor a ti mismo.

Para el cristiano el Sagrario tiene que ser lugar de conciliación de su corazón: Ahí Cristo te sana tus pequeñeces; de toda privación; de toda inquietud. Ahí El se te presenta como el amigo que nunca falla; capaz de satisfacer los más secretos anhelos de tu corazón.

Y en este gran anhelo de amar a Cristo sin medida, late con fuerza la aspiración a gastar tu vida por una gran causa: la causa de la humanidad en busca de Cristo, de la paz, del amor, del perdón, de la felicidad incorruptible que sólo se encuentra en Cristo.

¡Qué difícil es encontrar, en un mundo donde reina el egoísmo, seres consagrados a luchar para que el hombre se abra a Dios, a su gracia, a su amor, ame más a sus semejantes, y sea menos injusto con ellos!

Seres así, aparecen como espíritus liberados y puros; y sin embargo, también ellos tienen que luchar para crecer, para amar , para esperar sin desfallecimientos; y a ratos, hasta sucumben para levantarse de nuevo. Pero, en el sagrario, encuentran a Jesucristo, allí está,¡ ámalo tú también!

¡El es el amigo que buscan los hombres!

¡Él es el Amigo que buscan los hombres!


¿Has visto los enormes conflictos en que se debaten tantos hombres que no conocen a Cristo? Tantos jóvenes envejecidos prematuramente por el vicio, con el alma lacerada por el hastío, por el desengaño, por la frustración o el aburrimiento; su vida ha perdido la brújula, ¿para qué y por qué vivir? No tienen respuesta. De aquí al suicidio no hay sino un paso lógico que muchos por desgracia, dan.

¡Y sin embargo, Cristo es el camino, la verdad y la vida!
¡OH, si hubiera quien les señalara el camino, quien les sugiriera jovialmente que Él es el amigo que buscan, el amigo que no engaña ni defrauda, paciente, poderoso y bueno, que sufre y se alegra al unísono con ellos...!
Sin duda, se rescatarían a mucho jóvenes, y de verdad encontrarían su felicidad.

P. Marcial Maciel, LC

GRACIAS

Gracias por invitarme a entrar en este blog.
Sé que en él todo va a ser para gloria de Dios y bien de los que lo lean.
Colaboraré a ello todo lo que pueda.
Un abrazo
Mercedes

viernes, febrero 24, 2006

UNA HERMOSA CARTA



Hola mami, ¿cómo estás? Yo, muy bien, gracias a Dios hace apenas unos días me concebiste en tu panzita. La verdad no te puedo explicar lo contento que estoy de saber que tú vas a ser mi mamá, otra cosa que también me llena de orgullo es el ver con el amor con el que fui concebido...

Todo parece indicar que voy a ser el niño más feliz del mundo!Mami, ha pasado ya un mes desde mi concepción, y ya empiezo a ver como mi cuerpecito se empieza a formar,digo, no estoy tan bonito como tú, pero dame una oportunidad. Estoy MUY feliz! Pero hay algo que me tiene un poco preocupado...

Últimamente me he dado cuenta de que hay algo en tu cabecita que no me deja dormir, pero bueno, ya se te pasará, no te apures.Mami, ya pasaron dos meses y medio y la verdad estoy feliz con mis nuevas manitos y de veras que tengo ganas de utilizarlas para jugar. Mamita dime que te pasa, por que lloras tanto todas las noches?

Por qué cuando papi y tú se ven se gritan tanto?Ya no me quieren, o qué? Voy a hacer lo posible para que me quieran..

Han pasado ya 3 meses, mami, te noto muy deprimida, no entiendo que pasa, estoy muy confundido. Hoy en la mañana fuimos con el doctor y te hizo una cita para mañana.

No entiendo, yo me siento muy bien...acaso te sientes mal, mamita?Mami, ya es de día, ¿a
donde vamos?Qué pasa, mami ¿por qué lloras? No llores, si no va a pasar nada...Oye mami, no te acuestes, apenas son las 2 de la tarde, es muy temprano para irse a la cama aparte, no tengo nada de sueño, quiero seguir jugando con mis manitas.

¡Ay, ah! ¿Qué hace ese tubito en mi casita?¿A poco es un juguete nuevo? ¡Oigan!¿Por qué están succionando mi casa?MAMI! ¡Esperen! Esa es mi manito!

Señor, por qué me la arrancan? ¿que no ve que me duele? ah! Mami defiéndeme!Mama...ayúdame! ¿Que no ves que todavía estoy muy chiquito y no me puedo defender?

Mami, mi piernita, me la están arrancando! Por favor diles que ya no sigan, te lo juro que ya me voy a portar bien ya no te vuelvo a patear. ¿Cómo es posible que un ser humano me pueda hacer esto? Va a ver cuando sea grande y fuer...ah...te. Mami, ya no puedo más, me ay...mami...mami...ayúdame...

-Mami, han pasado ya 17 años desde aquel día, y yo desde aquí observo como todavía te duele esa decisión que tomaste.Por favor, ya no llores, acuérdate que te quiero mucho y aquí te estoy >esperando con muchos abrazos y besos.

Te quiere mucho,

Tu bebé.

Amigos por favor.

Digamos NO al ABORTO.EL ABORTO ES ASESINATO.

Saben que esa es la tristeza mas grande que le puede dar a un ángel que fue enviado por dios para cuidar de esa criatura desde el momento en que fue concebida, para que por ignorancia de la sociedad le arrebataran la vida a un bebe, a un hijo de dios, a un alma blanca e inocente. Si matas a tu hijo abortando o haces que alguien aborte, recuerda que ya eres un asesino(a), solo Dios puede perdonarte, solo y solo si te arrepientes de corazón, si estas leyendo esto y piensas hacerlo desde ahora te digo que no habrá espacio para ti en el reino de los cielos. Si fue un error de juventud o si fue una violación, o fue algo no deseado, No pero NO le quietes la vida que el bebe no tiene la culpa. Sabes bien que hay centros de adopción, donde frecuentan muchas parejas que no pueden tener hijos. Si no quierestener un hijo y ya viene en camino, no le quietes el sueño a otros que en verdad lo quieren de corazón y no pueden. Dalo en adopción, es la mejor alternativa. Estoy seguro que Dios y sus ángeles prefieren sobre todas las cosas que des tu hijo en adopción antes de que le quites la vida. ¿Crees que naciste el día en que celebras tu cumpleaños? Para la sociedad si, pero para Dios y los ángeles tu naciste el día en que te concibieron, dale la oportunidad de nacer, de ser libre, por favor no lo mates.



jueves, febrero 23, 2006

Mensaje del Día de la Vida 2006


“Yo te doy gracias, por tantas maravillas: prodigio soy, prodigios son tus obras.”Salmo 139 (138),14
Queridos hermanos y hermanas en el Señor Jesús:Cristo es el buen pastor que ha entregado su vida para que en Él tengamos vida.
Esta imagen del buen pastor que Cristo refirió a sí mismo (cfr. Jn 10, 11) evoca en todos nosotros algo profundo y personal del modo como Dios cuida de todo lo que ha creado; nos permite comprender algo de la solicitud amorosa de Dios por toda la creación y de modo particular por el hombre.
En efecto, Dios es el Creador de todo lo que existe y en la tierra que creó puso al hombre y a la mujer a quienes hizo a su imagen y semejanza y los bendijo diciéndoles “sean fecundos y multiplíquense y llenen la tierra y sométanla” (cfr. Gn 1, 27-28). Ahora bien entre todos los seres creados, el ser humano ocupa un puesto especial porque le hizo partícipe de su solicitud y providencia hacia toda la creación. El Creador ha confiado el mundo como un don y una tarea a nuestra responsabilidad. El que guía todas las cosas con sabiduría y amor hacia su destino final nos ha hecho a su imagen y semejanza para que con nuestra inteligencia nos convirtamos en providencia que con sabiduría y amor guíe el desarrollo humano y el desarrollo del mundo en armonía con su voluntad sabia y amorosa.
Sin embargo muchos hombres viven sin darse cuenta de lo que hacen y de lo que sucede, muchos hombres no asumen plenamente esta responsabilidad derivada de su altísima dignidad de ser imagen y semejanza del Creador y hay quien se comporta como si fuese, él mismo, el señor de la creación que puede manipularla y destruirla a su arbitrio, incluido tristemente el mismo ser humano.
La vida es un gran misterio. La ciencia y la tecnología han hecho grandes progresos y nos han ayudado a desvelar algunos de los apasionantes secretos de la vida natural, pero una mirada atenta a nuestra experiencia personal muestra que hay otras dimensiones de nuestra existencia personal y colectiva en este planeta.
Nuestro corazón inquieto busca más allá de nuestros límites gracias a nuestra capacidad de pensar y amar. Pensar y amar lo infinito, lo inconmensurable, la forma suprema y la fuente del ser. Nuestra mirada se extiende hasta la búsqueda del significado profundo, más allá de los solos datos empíricos que nos ofrecen las ciencias físicas y biológicas. No podemos eludir las preguntas fundamentales que surgen ante la maravilla de la existencia ¿Por qué? ¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué existo? ¿Qué debo hacer?
Este significado profundo de la vida es el que le confiere su auténtico valor y el que nos guía en el modo como afrontamos las cuestiones más decisivas que a ella atañen. Recordamos aquí las palabras llenas de actualidad del Concilio Vaticano II “Ante la actual evolución del mundo, son cada día más numerosos los que se plantean o los que acometen con nueva penetración las cuestiones más fundamentales (…) ¿Qué es el hombre? ¿Cuál es el sentido del dolor, del mal, de la muerte, que a pesar de tantos progresos hechos, subsisten todavía? (…) ¿Qué puede ofrecer el hombre a la sociedad? ¿Qué puede esperar de ella? ¿Qué hay después de esta vida temporal?” (Gaudium et spes, 10).
El contenido y la forma como se están planteando a nivel informático diversos aspectos de la sexualidad, la anticoncepción, el no reconocimiento de la existencia y la sacralidad de la vida desde la fecundación, la manipulación de embriones, el aborto, la reproducción asistida, la eutanasia, pueden hacernos experimentar la tentación de dudar del esplendor de la verdad que nos enseña la Sagrada Escritura acerca de la vida del ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios.
Sin embargo, cuando el Señor Jesús dijo que Él es el buen pastor, nos dijo también que Él ha venido para que tengamos vida y vida en abundancia (cfr. Jn 10, 10). Cristo, en efecto, a diferencia de quienes se atribuyen a sí mismos el título de pastores y guías de la comunidad pero que huyen dejando sólo al hombre ante el misterio del dolor, de la angustia y de la enfermedad, ha entregado su vida, asumiendo Él mismo estas experiencias con amor, revelándonos su sentido y mostrándonos hasta qué punto es valiosa la vida de cada ser humano. Por ello dice el salmo 22 “aunque marche por cañadas obscuras nada temo, porque tú estás conmigo, tu vara y tu cayado me dan seguridad”. Sí queridos hermanos, aunque la condición humana no pueda eludir del todo las cañadas obscuras de la enfermedad, de la infecundidad física, del dolor, de la perplejidad, no estamos solos ¡No tengamos miedo! La muerte y el sin sentido no son la última respuesta ante las perplejidades de nuestro corazón, Cristo Jesús marcha con nosotros, Él que murió y resucitó y venció la muerte.
Precisamente este punto de partida es el centro de nuestra fe en que la vida, especialmente la vida humana, viene de Dios y, por tanto, es bella, es siempre un bien y vale la pena vivirla, promoverla y defenderla. Creemos en Dios que es Amor y Vida, creemos en Jesucristo, creemos en la vida y en su dignidad natural e inviolable.
Sin embargo, a veces se presenta la enseñanza de la Iglesia como una opinión sólo religiosa, queriendo insinuar con ello que no tiene nada que ver con la ciencia, o que la fe y la razón se contradicen y excluyen mutuamente. Otras veces se justifican ciertas prácticas en nombre de una cierta “libertad” individualista y subjetiva, sin referencia a los valores objetivos, universales y perennes, inscritos en la misma naturaleza humana. Incluso se llega a una intolerancia pues la opinión de la Iglesia no es escuchada o analizada con serenidad, apertura y seriedad, sino que se la hace objeto de mofa y de rechazo anticipado.
El misterio de la Encarnación que ilumina nuestro Día de la Vida, nos anuncia la buena nueva de que el Hijo de Dios ha asumido y consagrado todo el proceso de la vida humana, desde la concepción o fecundación, hasta la muerte. Además, esta verdad de fe es confirmada por la misma ciencia, la cual corre hoy peligro de ser manipulada o alejada de su fin principal: el servicio del ser humano.
Jesucristo ha redimido a toda la persona, en todas sus dimensiones: corporal, afectiva, volitiva, intelectiva, espiritual. Él ha llevado a la plenitud los mandamientos que son un camino para la vida y la felicidad. Él confió a su Iglesia este Evangelio de la Vida, la cual, animada por el Espíritu Santo, Señor y Dador de Vida, ilumina siempre la conciencia de los hijos de Dios sobre la verdad y la santidad de la vida. Agradezcamos por ello al Señor con el salmista: “Yo te doy gracias, por tantas maravillas: prodigio soy, prodigios son tus obras.” (Salmo 139 /138,14).
Que Santa María de Guadalupe, Reina y protectora de la familia y servidora de la vida, nos sostenga con su amor e intercesión para que cada uno de los bautizados agradezcamos, respetemos y promovamos la vida de cada ser humano desde su concepción en la fecundación hasta su muerte natural.
+ Mons. Rodrigo Aguilar Martínez
Obispo electo de TehuacanPdte Com Episc de Past Familiar
+ Mons. Francisco Javier Chavolla R.
Obispo de TolucaResp Depto de la Vida

martes, febrero 21, 2006

Conócete a ti mismo

Conócete a ti mismo
Hace ya más de veinticinco siglos, Tales de Mileto afirmaba que la cosa más difícil del mundo es conocerse a uno mismo. Y en el templo de Delfos podía leerse aquella famosa inscripción socrática –gnosei seauton: conócete a ti mismo–, que recuerda una idea parecida. Conocerse bien a uno mismo representa un primer e importante paso para lograr ser artífice de la propia vida, y quizá por eso se ha planteado como un gran reto para el hombre a lo largo de los siglos. La observación de uno mismo permite separarse un poco de nuestra subjetividad, para así vernos con un poco de distancia, como hace el pintor de vez en cuando para observar cómo va quedando su obra. Observarse a sí mismo es como asomar la cabeza un poco por encima de lo que nos está ocurriendo, y así tener una mejor conciencia de cómo somos y qué nos pasa. Por ejemplo, es diferente estar fuertemente enfadado, sin más, a estarlo pero dándose uno cuenta de que lo está, es decir, teniendo una conciencia autorreflexiva que nos dice: «Ojo con lo que haces, que estás muy enfadado». Advertir cómo estamos emocionalmentees el primer paso hacia el gobierno de nuestros propios sentimientos.Comprender bien lo que nos pasa tiene un poderoso efecto sobre los sentimientos perturbadores que puedan invadirnos, y nos brinda la oportunidad de poner esfuerzo por sobreponernos y así no quedar abandonados a su merced.—Pero hay muchas personas que son conscientes de pasar por un estado emocional negativo, y sin embargo no logran salir de él. Las hay, sin duda. Son personas que suelen sentirse desbordadas por sus propios sentimientos, y se dan cuenta de que están pesimistas, malhumoradas, susceptibles o abatidas, pero se consideran incapaces de salir de ese estado. Son conscientes de su situación, pero de un modo vago, y precisamente su falta de perspectiva sobre esos sentimientos es lo que les hace sentirse abrumadas y perdidas. Piensan que no pueden gobernar su vida emocional y por eso no hacen casi nada eficaz por salir del agujero en que se encuentran. Hay otras personas que son algo más conscientes de lo que les sucede, pero su problema es que tienden a aceptar pasivamente esos sentimientos. Son proclives a estados de ánimo negativos, y se limitan a aceptarlos resignadamente, con una actitud rendida, de dejarse llevar por ellos, y no se esfuerzan por cambiarlos a pesar de lo molesto que les resulta sobrellevarlos. —¿Y piensas entonces que en realidad no son tan conscientes de lo que les sucede?Exacto. Las personas que perciben con verdadera claridad sus sentimientos suelen alcanzar una vida emocional más desarrollada. Son personas más autónomas, más seguras, más positivas; y cuando caen en un estado de ánimo negativo no le dan vueltas obsesivamente, ni lo aceptan de modo pasivo, sino que saben cómo afrontarlo y gracias a eso no tardan en salir de él. Su ecuanimidad en el conocimiento propio les ayuda mucho a abordar con acierto los problemas y gobernar con eficacia su vida afectiva. Observar el comportamiento propio y ajenoEl conocimiento propio constituye un punto clave para la formación y educación del carácter y de los sentimientos de cualquier persona. Además, ese saber lo que realmente nos pasa y por qué nos pasa está muy relacionado con nuestra capacidad de comprender bien a los demás. En este sentido, es muy útil desarrollar la capacidad de observación del comportamiento propio y ajeno: la literatura o el cine, por ejemplo, pueden enseñar mucho también a conocerse a uno mismo y a los demás cuando los autores son buenos conocedores del espíritu humano y saben reflejar bien lo que sucede en el interior de las personas. —Pero fomentar tanto interés por el conocimiento propio, ¿no lleva al individualismo o la introversión?Como es natural, no estamos hablando de desarrollar un afán de malsana introspección psicológica, sino de procurar conocerse para no vivir con uno mismo como con un desconocido. Conocerse bien no llevaa encerrarse en la propia subjetividad,sino a verse a uno mismocon toda la objetividad posible. Y eso ayuda, entre otras cosas, a combatir la inestabilidad de ánimo que se produce cuando una persona se deja arrastrar por su imaginación: unas veces divagando en ensoñaciones y fantasías, otras tendiendo a sobrevalorar las propias posibilidades, y otras quedándose a merced del pesimismo o la indecisión, subestimando sus capacidades cuando las circunstancias son adversas. La conciencia emocional es muy intensa en unas personas, mientras que en otras es mucho más moderada. Hay personas, por ejemplo, que ante una situación de peligro reaccionan con asombrosa serenidad. Otras, en cambio, pueden quedarse muy afectadas durante varios días simplemente porque se les ha extraviado un bolígrafo o porque su equipo favorito ha perdido un partido en la liga de fútbol. —Lo dices como si experimentar sentimientos intensos fuera algo negativo.No tiene por qué serlo. El exceso de sensibilidad emocional puede llevarnos a auténticas tormentas afectivas (positivas o negativas, de exaltación o de abatimiento), y eso tiene muchos riesgos. Pero tampoco puede ponerse como ideal la frialdad y el desapego.Para facilitar el propio conocimiento, resulta útil analizar los múltiples elementos que interaccionan en nuestra vida, pues es lógico que, a lo largo de los años, algunas de esas facetas puedan pasar por momentos de conflicto más o menos importantes. Son situaciones dolorosas que pueden tener su origen en cuestiones profesionales (dificultades para obtener o mantener determinado nivel profesional, problemas de entendimiento con los jefes o compañeros, fracasos debidos a los propios fallos o a la superioridad de los competidores, situaciones de paro o de insatisfacción laboral, etc.); o dificultades de salud, que limitan de modo transitorio o permanente la propia capacidad, y que pueden ir acompañados de un serio sufrimiento físico o psíquico; problemas afectivos que plantea la convivencia ordinaria (diferencias de criterio entre los cónyuges, o entre padres e hijos, etc.); o toda la problemática específica que puede plantear la vida escolar, abrirse camino en la vida profesional, el declive de la salud o la llegada de la ancianidad; etc. Y de la misma forma que, por ejemplo, una falta concreta de salud, por muy localizada que esté en un punto determinado del cuerpo, acaba produciendo de ordinario una sensación generalizada de malestar en toda la persona, también un problema grave en cualquiera de las otras facetas de la vida –por ejemplo, en la vida profesional, o en la familia– puede producir un efecto que trascienda esa faceta y provoque otros problemas en cadena: trastornos de carácter, retraimiento o agresividad en la relación con los demás, o incluso –cuando los problemas son importantes– propensión a determinadas enfermedades. Esto hace que, si falta la necesaria madurez y conocimiento propio, algunos problemas de una faceta de la vida se acaben achacando a otra que en realidad no tiene la culpa, o al menos tiene muy poca. Así, una persona puede culpar a su cónyuge o a sus hijos o a sus padres de la frustración que siente, cuando en realidad ese sentimiento se debe sobre todo a una causa de tipo profesional, o a una simple inmadurez afectiva; o puede considerar que su situación profesional es el motivo por el que se siente insatisfecho, cuando en el fondo se debe a que no acepta la natural pérdida de capacidad o de salud que sobreviene con motivo de la edad o de los ciclos naturales de ánimo que la vida imprime; o puede achacar a determinados defectos de las personas con que convive lo que en realidad se debe a un enrarecimiento del propio carácter; etc. Las personas tendemos –al menos la mayoría– a proyectar fuera de nosotros la solución de los problemas que experimentamos. Solemos echar a otros la culpa de casi todo lo malo que nos sucede. Parte importante del conocimiento propio es advertir la presencia de ese sutil engaño. Es cierto que las circunstancias ajenas siempre pueden ayudarnos a resolver y superar nuestros problemas, pero no debemos dimitir –ni total ni parcialmente– del amplísimo margen de responsabilidad que tenemos sobre la mayoría de las cosas que nos suceden en la vida. Tampoco debe olvidarse que la pereza –con todo el lastre interior que puede llegar a tener en nuestra vida–, trata de llevarnos hacia la ley del mínimo esfuerzo. Por eso, cuando sentimos desgana para afrontar una tarea que nos resulta costosa, es preciso identificar claramente su origen y reconocerlo como lo que es: cansancio razonable que exige descanso, o pereza que hemos de superar; pero no interpretar equivocadamente la desgana como carencia de aptitudes, ni las dificultades ordinarias como acumulación de infortunios o de malévolas confabulaciones contra nosotros, pues sería una triste forma de autoengaño. —Pero a veces se presentan problemas que no tienen fácil solución.Es preciso entonces buscar posibles modos razonables de resolver esos problemas, al menos hasta donde nos sea posible. Habrá ocasiones, efectivamente, en que sólo podremos disminuir sus consecuencias negativas y aprender a sobrellevarlos: por ejemplo, en el caso de enfermedades crónicas, fuertes reveses económicos o profesionales cuya solución queda fuera de nuestro alcance, problemas serios de relación con personas que tenemos necesidad de tratar, etc. —¿Y cómo distinguir lo que debe sobrellevarse de lo que debemos intentar cambiar?Un profundo y certero conocimiento de uno mismo, contrastado por la observación atenta del propio comportamiento externo y de las reacciones interiores, enriquecido por el consejo de quienes nos conocen y aprecian, nos permitirá identificar el verdadero origen de las perturbaciones que inevitablemente experimentaremos siempre a lo largo de nuestra vida. Así avanzaremos a buen paso hacia la madurez emocional, tan lejana de esas altivas afirmaciones de algunos («yo sigo pensando exactamente lo mismo que he pensado siempre», como si la mejor prueba de lucidez fuera no cambiar jamás en nada de forma de pensar), e igualmente lejos de esa variabilidad de quienes cambian constantemente de ideales y olvidan sus convicciones como si fueran una ligera gripe que ya pasaron, o como si el transcurso de los años no les reportara ninguna enseñanza estable. Discernir los propios sentimientosEl propio conocimiento es un proceso abierto, que no termina nunca, pues la vida es como una sinfonía siempre incompleta, que se está haciendo continuamente, que siempre es superable y exige por tanto una atención constante. El conocimiento propioes puerta de la verdad.Cuando falta, no se puede ser sincero con uno mismo, por mucho que se quiera. Querer ver qué es lo que nos sucede –y quererlo de verdad, con sinceridad plena– es el punto decisivo. Si eso falla, podemos vivir como envueltos por una niebla con la que quizá nuestra propia imaginación enmascara las realidades que nos molestan. Porque encontrar escapatorias cuando no se quiere mirar dentro de uno mismo es la cosa más fácil del mundo. Siempre existen causas exteriores a las que culpar, y por eso hace falta cierta valentía para aceptar que la culpa, o la responsabilidad, es quizá nuestra, o al menos una buena parte de ella. Esa valentía personal es imprescindible para avanzar con acierto en el camino de la verdad, aunque a veces se trate de un recorrido que puede hacerse muy cuesta arriba. No percibir con ecuanimidadlos propios sentimientossupone fácilmentequedar a su merced.Hay sentimientos que fluyen de forma casi inconsciente, pero que no por eso dejan de ser importantes. Por ejemplo, una persona que ha tenido un encuentro desagradable puede luego permanecer irritable durante horas, sintiéndose molesto por el menor motivo y respondiendo de mala manera a la menor insinuación. Esa persona puede ser muy poco consciente de su susceptibilidad, e incluso sorprenderse –y molestarse de nuevo– si alguien se lo hace notar, aunque a los demás resulta bien patente que se debe a esos sentimientos que bullen en su interior como consecuencia de aquel encuentro desagradable anterior. Una buena parte de nuestra vida emocional tarda en aflorar a la superficie.Hay sentimientos que no siempre llegan a cruzar el umbral de la conciencia. Por eso reconocerlos nos permite desplazar la frontera y ampliar el campo de los sentimientos plenamente conscientes, y eso siempre supone un poderoso medio para mejorar.Una vez que tomamos conciencia de cuáles son los verdaderos sentimientos que pugnan por salir a la superficie de nuestra conciencia, podemos evaluarlos con mayor acierto, decidir dejar a un lado unos y alentar otros, y así actuar sobre nuestra visión de las cosas y nuestro estado de ánimo. En esto se manifiesta, entre otras cosas, que somos seres inteligentes. Quien se conoce bien,puede apoyarse en sus puntos fuertespara actuar sobre sus puntos débiles,y así corregirlos y mejorarlos.Es como una intensa luz que ilumina sus vidas y les permite desenvolverse con acierto a la hora de tomar decisiones, tanto las más sencillas de la vida diaria como las verdaderamente importantes.—¿Y en qué sentido hablabas antes de no querer ver?Hay muchas formas de eludir la realidad, y casi siempre se producen de modo semiinconsciente para su protagonista. Algunas personas, por ejemplo, se hacen a sí mismas razonamientos del estilo de «déjame disfrutar de eso, que luego ya veré lo que hago» (donde eso puede ser cualquier muestra de egoísmo, pereza o escape de la realidad). No parecen advertir hasta qué punto ese error va ganando terreno en sus vidas y oscureciendo el escaso alivio que eso les produce. Hay otros que se engañan con razonamientos como los del niño mimado que prefiere quedarse encerrado en su habitación, aburrido y solo, rumiando sus agravios y las razones de su enfado, aun sabiendo que lo mejor sería superar su orgullo y salir. Prefieren permanecer tristes en su desgracia, con tal de no enfrentarse a su propia obstinación.Otros son como aquél que persigue ansiosamente el placer, y va viendo cómo éste se hace cada día más pequeño, y sabe que por ese camino no obtendrá un grado de satisfacción alto, pero prefiere seguir tras ese pobre halago insaciable, porque le asusta verse privado de él. «Nuestro corazón –ha escrito Susanna Tamaro– es como la tierra, que tiene una parte en luz y otra en sombras. Descender para conocerlo bien es muy difícil, muy doloroso, pues siempre es arduo aceptar que una parte de nosotros está en la sombra. Además, contra ese doloroso descubrimiento se oponen en nuestro interior muchas defensas: el orgullo, la presunción de ser amos inapelables de nuestra vida, la convicción de que basta con la razón para arreglarlo todo. El orgullo es quizá el obstáculo más grande: por eso es preciso valentía y humildad para examinarse con hondura.»Saber expresar lo que sentimos«Las lágrimas se me amontonaban en los ojos –pensaba Ida, la protagonista de aquella novela de Mercedes Salisachs– y era difícil evitarlas.»Me reproché entonces mi falta de visión, aquel maldito silencio que siempre dominaba nuestras sobremesas, aquella obsesión de guardar siempre para nosotros nuestros pensamientos y preocupaciones. »Si al menos mi hija hubiera dejado entrever algo de lo que le ocurría... Si hubiese recurrido a mí para que yo la ayudase... Pero no. Callar, eso era lo que hacíamos todos. Cubrir con piel sana los furúnculos más purulentos. Es horrible, ahora comprendo que no conocía a mi hija.»Algunas personas han sido educadas de manera que suelen esconder habitualmente sus sentimientos. Sienten un excesivo pudor para expresar lo que realmente piensan o les preocupa, y se muestran reacias a manifestar emoción o afecto. Quizá desean hablar pero les frena una barrera de timidez, de envaramiento, de falso respeto, de orgullo. Es cierto que determinados sentimientos sólo se exteriorizan dentro de un cierto grado de intimidad, y requieren cierta reserva, pero silenciarlos siempre, o cubrirlos de aparente indiferencia, entorpece el desarrollo afectivo y conduce, entre otras cosas, a una importante merma de la capacidad de reconocer y expresar los propios sentimientos. Muchos desequilibrios emocionales tienen su origen en que esas personas no saben manifestar sus propios sentimientos, y eso les ha llevado a educarlos de manera deficiente. Cuando hablan de sí mismas, difícilmente logran decir algo distinto de si se sienten bien, mal o muy mal. Les resulta difícil hablar de esas cuestiones, y manejan un vocabulario emocional sumamente reducido. No es que no sientan, es que no logran discernir bien lo que bulle en su interior, ni saben cómo traducirlo en palabras. Ignoran el motivo de fondo de sus problemas. Perciben sus sentimientos como un desconcertante manojo de tensiones que les hace sentirse bien o mal, pero no logran explicar qué tipo de bien o de mal es el que sienten. Esa confusión emocional nos hace vislumbrar un poco la grandeza del poder del lenguaje, y comprender que cuando logramos expresar en palabras lo que sentimos, damos un gran paso hacia el gobierno de nuestros sentimientos.Reflexionar sobre los sentimientosSiempre se ha dicho que si no comprendes bien una cosa, lo mejor que puedes hacer es intentar empezar a explicarla. Por ejemplo, un profesor experimenta muchas veces la dificultad de hacer comprender a sus alumnos los puntos más complejos de la asignatura. Sin embargo, a medida que avanza el desarrollo de la clase, y se abordan una y otra vez esos conceptos desde perspectivas diferentes, las ideas se van precisando, surgen pequeñas o grandes iluminaciones, tanto para los alumnos como para el propio profesor. Por eso, una buena forma de avanzar en la educación de los sentimientos es pensar, leer y hablar sobre los sentimientos. Al hacerlo, nuestras ideas se van destilando, y serán cada vez más precisas y certeras. Y sabremos cada vez mejor qué sucede en nuestro interior, para después intentar explicarlo, buscar sus causas, sus leyes, sus regularidades, e intentar finalmente sacar alguna idea en limpio para mejorar en nuestra educación afectiva. Los temas pueden ser muy variados. Antes hemos hablado, por ejemplo, de cómo las personas tendemos a echar a otros la culpa de todo lo malo que nos sucede, y de esa otra tendencia a proyectar en los demás nuestros propios defectos. En ambos casos, se trata de fenómenos que, como suele suceder con todo lo relativo al conocimiento de las personas, se advierten con más facilidad en otros que en uno mismo. No es difícil, por ejemplo, ver a una persona muy egoísta que se lamenta del egoísmo de los demás y dice que nadie le ayuda; o a uno que siempre se está quejando, pero siempre protesta de que otros se quejen; o a un charlatán agotador que acusa a otro de que habla demasiado; o a un hombre irascible que denuncia el mal genio de los demás.Con sólo prevenirnos contra estos dos errores –en el fondo muy parecidos–, podemos avanzar mucho en esa importante tarea que es el propio conocimiento. Se trata de procurar ver las cosas buenas de los demás, que siempre las hay, y aprender de ellas. Y cuando veamos sus defectos (o algo que nos parece a nosotros que lo son), pensar si no hay esos mismos defectos también en nuestra vida. Mejoraremos procurando conocercuáles sonnuestros defectos dominantes.Para concretar un poco, podemos considerar algunos defectos relacionados con la educación de los sentimientos:
timidez, temor a las relaciones sociales, apocamiento;
irascibilidad, susceptibilidad, tendencia exagerada a sentirse ofendido;
tendencia a rumiar en exceso las preocupaciones, refugiarse en la soledad o en una excesiva reserva;
perfeccionismo, rigidez, insatisfacción;
falta de capacidad de dar y recibir afecto;
nerviosismo, impulsividad, desconfianza;
pesimismo, tristeza, mal humor;
recurso a la simulación, la mentira o el engaño;
gusto por incordiar, fastidiar o llevar la contraria; tozudez;
exceso de autoindulgencia ante nuestros errores; dificultad para controlarse en la comida, bebida, tabaco, etc;
tendencia a refugiarse en la ensoñación o la fantasía; dificultad para fijar la atención o concentrarse;
excesiva tendencia a requerir la atención de los demás; dependencia emocional;
hablar demasiado, presumir, exagerar, fanfarronear, escuchar poco;
resistencia a aceptar las exigencias ordinarias de la autoridad;
tendencia al capricho, las manías o la extravagancia;
resistencia para aceptar la propia culpa, o sentimientos obsesivos de culpabilidad;
falta de resistencia a la decepción que conlleva el ordinario acontecer de la vida; no saber perder o no saber ganar;
dificultad para comprender a los demás y hacernos comprender por ellos;
dificultad para trabajar en equipo y armonizarse con los demás; etc.

Fuente: www.interrogantes.net
Autor: Alfonso Aguiló

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